
Hoy, su caso se suma a los que enumeró y documentó en su investigación: reporteros perseguidos, violentados, asesinados. Detalló, con la precisión del periodista curtido en las calles y con la indignación del colega solidario, los asesinatos que, antes del suyo, ocurrieron en el Sur y el Norte de la República.
Denunció al poder y espetó a la sociedad que, indolente, abandona a los periodistas a su suerte. En la charla con Contralínea, señaló que, a veces, hacer periodismo ético y de investigación “es como ubicarse desnudo en medio del páramo, vulnerable”. Asimismo demandó de la academia mayor involucramiento en la realidad y, particularmente, en el ejercicio periodístico.
Pero también fue crítico del periodismo y de los periodistas. Reprobó el periodismo corrupto y mediocre. De sus colegas demandó menos soberbia y más honestidad. Sabía que el embute y la complicidad con el poder campean en muchas redacciones.
“La corrupción, el clientelismo, la cooptación de parte del aparato gubernamental hacia los periodistas y hacia los medios de comunicación vició de origen, enfermó también de corrupción, el ejercicio periodístico. Hizo que muchos empresarios dependieran de la publicidad oficial y, en ese sentido, permitieron que el gobierno impusiera la línea editorial, se ocultara información y se favorecieran operaciones de tráfico de influencias, crimen organizado y narcotráfico.”
Javier Valdez Cárdenas, de 50 años de edad, fue asesinado este lunes antes del mediodía en Culiacán, Sinaloa, a unas cuadras de la sede de Río Doce, el semanario que fundó y que dirigía. Valdez Cárdenas también era corresponsal del diario La Jornada. Se había especializado en cubrir temas del narcotráfico.
Con Javier Valdez, son cinco los periodistas asesinados en México en lo que va de 2017. Y de 2000 a la fecha se cuentan 105 los que han perdido la vida. Otras dos decenas suman los desaparecidos
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